Las mujeres en América latina se han ido integrando al mercado laboral en las últimas décadas, «no obstante, este proceso no ha significado una mayor participación de los hombres en el trabajo doméstico y de cuidados. Esto supone que en términos de carga total de trabajo (remunerado + no remunerado) los hombres de 20 a 24 años trabajan alrededor de 6 horas semanales menos que sus pares femeninos; mientras que en el siguiente grupo etario (25 a 29 años), los hombres trabajan hasta 10 horas menos que las mujeres. La carga de trabajo que experimentan especialmente las mujeres hace que muchas de ellas no tengan tiempo suficiente para su proyección profesional, pero también para su autocuidado.
Si las mujeres ya sufren una exclusión por su género que les restringe sus posibilidades de desarrollo futuro, aquellas jóvenes provenientes de los sectores de menor ingreso son doblemente excluidas debido a su falta de recursos económicos; aún más entre las mujeres que viven en zonas rurales; debido a las conocidas deficiencias en el ámbito de la educación para los sectores de menores ingresos, la educación no siempre significa para las mujeres una verdadera herramienta para mejorar su desmedrada situación.
Con respecto al tiempo libre, no es una sorpresa concluir que los hombres gozan de más horas de ocio que las mujeres, aunque es cierto que para ambos sexos esto va cambiando a medida que pasan los años, pues el paso a la adultez conlleva el asumir nuevas responsabilidades que demandan tiempo, tales como el ingreso al mercado laboral o formar una familia.