Cultura juvenil
30 enero 2020

Construir memoria desde el arte. Hiphop y culturas juveniles en Colombia

La palabra juventud en muchas ocasiones nos remite a determinados conceptos o categorías que definen el devenir de los jóvenes como sujetos sociales. La juventud se comprende como un constructo cultural que se encuentra actualmente en recomposición, puesto que son innumerables las manifestaciones y creaciones que contribuyen a su representación en la sociedad. Las posturas políticas, las experiencias y vivencias culturales, la condición etaria, la construcción de diferentes escenarios para la innovación económica, o muchas otras creaciones que emergen desde la experiencia, permiten repensar lo que abarca la palabra juventud, así como también su caracterización.

Sin embargo, todo lo que atañe a la juventud engloba una serie de rostros que incluyen no solo a los jóvenes, sino también, por ejemplo, a las instituciones políticas a la hora de reconocer su participación y su quehacer en la sociedad. También, el aporte de las nuevas herramientas tecnológicas y de comunicación en la producción, reproducción y distribución del conocimiento y de la cultura están contribuyendo a la comprensión o definición de la noción de juventud.

En este punto es fundamental reconocer la diferencia (en términos conceptuales y metodológicos) entre los conceptos de condición y situación de los jóvenes. Por condición se puede entender lo que es el sujeto, el ser mismo, la expresión de su particular forma de ser y estar en sociedad. Por situación se hace referencia a cómo se encuentra el sujeto con relación a la sociedad, cómo la sociedad permite o restringe la realización del sujeto (Sánchez, Cubidez Martínez y Galindo Ramírez, 2011, pág. 28).

Las formas bajo las cuales se consideran las experiencias de los jóvenes se encuentran necesariamente vinculadas a complejos contextos sociohistóricos, pues “se trata de una relación dinámica, cambiante, en movimiento constante que no puede ser preestablecida de una vez y para siempre; en consecuencia, no podemos hablar de una esencia estática e inmutable del sujeto” (Sánchez, Cubidez Martínez y Galindo Ramírez, 2011, pág. 28). Son muchas las imágenes que rodean el devenir de la juventud, pero estas diversas manifestaciones atienden a unas condiciones y situaciones contextuales específicas.

Rossana Reguillo nos propone llevar a cabo una mirada un poco más amplia hacia los contenidos de los jóvenes, ya que estos “por sus sentidos múltiples y móviles, incorporan, desechan, mezclan, inventan símbolos y emblemas, en continuo movimiento que los vuelve difícilmente representables en su ambigüedad” (Reguillo, 2000, pág. 103). De esta forma, Reguillo explicita un supuesto que hace referencia al contexto en tanto referente-mundo que habitan los jóvenes. Denota este contexto como parte indisociable de los escenarios de los que cotidianamente se apropian.

En Colombia, según la Ley de la Juventud (Ley 375 de 1997), se reconoce joven a toda persona que se encuentre dentro del rango de edad de 14 a 26 años. Esta determinación legislativa encamina la construcción y ejecución de diferentes propuestas institucionales en términos de la creación de proyectos sociales y/o políticas públicas, las cuales enmarcan a la juventud en función de la edad, ignorando la complejidad de experiencias que dentro de esta se encuentran y los distintos escenarios de socialización de los que los jóvenes son partícipes. Las garantías constitucionales para los jóvenes son insuficientes cuando se trata de abordar temas como la situación de pobreza, vulnerabilidad, exclusión y precariedad, que protagonizan también los jóvenes colombianos.

A partir de lo anterior, en Colombia se crean y recrean un vasto número de manifestaciones en donde la participación de los jóvenes es fundamental. Entre ellas puede incluirse el Movimiento Hiphop, donde muchas de las representaciones toman cuerpo o nacen desde los jóvenes, entendiendo que quienes lo componen son tan diversos como las características y contenidos del hiphop. El break dance, el grafiti, el canto y la música son algunos elementos representativos que se transforman en una plataforma de enunciación y representación de distintas problemáticas que aquejan no solamente a los jóvenes, sino también a la sociedad en general.

Muchos son los relatos que pueden encontrarse en las distintas expresiones que nacen desde el hiphop; por ejemplo, las líricas en el rap son un espacio de exploración y narración de distintas experiencias:

Al borde de la ciudad se inmortalizan pactos, bajo el encanto del canto por el bosque del asfalto, capital de espantos, clandestinos emisores contando la realidad que esconden sus televisores.

El presente inmediato para el devenir de la juventud es solo una parte de las motivaciones de quienes configuran el arte como un arma de comunicación y creación de subjetividades. La historia colombiana se encuentra enmarcada en innumerables anécdotas de violencia, sucesos políticos que imprimen un antes y un después en el transcurrir histórico del país. Por esto mismo los relatos nacen motivados por la necesidad de construcción de una memoria colectiva alimentada de esas experiencias diversas y particulares, y la obligación de exaltar las diferentes luchas, por ejemplo, las luchas campesinas e indígenas:

¡Catatumbo! Región amor sin rumbo. Hoy condecoro con mi lírica esta tierra y punto. Tierra guerrera donde el Motilón y el campesino cada día se la juegan por ella. ¡Catatumbo! (…) Pueblos marcados por una lucha, que suena en la montaña y en la ciudad se escucha. (Catatumbo, Motilonas Rap)

También, en la urgencia de visibilizar algunas obligaciones que se adjudican a los jóvenes, en este caso el prestar servicio militar obligatorio, son relevantes los relatos frente a los escenarios de violencia y la falta de reconocimiento de los sujetos:

Unos combatimos y otros rezan. Uno es el cazador y otro la presa. Combatiente soy, ya no siento el dolor. Mis heridas se sanaron, pero a base de rencor contra el gobierno, la oligarquía, porque para ellos no vale nada mi vida. (…) las balas sobre mi cabeza, mientras mi madre en la casa reza que reza. Todos los días llora por mí, tin marin de do pungui… Hoy mataron uno, menos mal que yo no fui. Así es como funciona este país, así es como me tratan a mí.

Los jóvenes, entonces, son creadores de arte y cultura, cuentan una historia. Son agentes de réplica y sujetos que desde sus experiencias narran una realidad que en muchas ocasiones es invisibilizada o marginalizada. El arte a través de su narrativa se convierte en un escenario de manifestación de descontentos y realidades.

Las experiencias individuales se suman a un sentimiento colectivo que desde el arte y la cultura toman cuerpo para la transformación de nociones y la creación de nuevos escenarios de participación y enunciación de diversas realidades. “En la medida en que esas memorias se vinculan e interactúan entre sí, van produciendo un entramado de recuerdos, una trenza de experiencias capaces de configurar memorias colectivas o emblemáticas” (Zarzuri y Ganter, 2002, pág. 44). El devenir de la historia de Colombia ha caracterizado la configuración de las diferentes manifestaciones sociales, políticas y culturales de los jóvenes, quienes desde sus diferentes lugares de enunciación han creado una voz propia convirtiéndose así en un puente de comunicación.

La memoria se transforma en una oportunidad para la expresión de subjetividades, siendo estas una herramienta de interpretación y reinterpretación de la realidad. Esta “es una actividad de los sujetos empíricos, un campo a través del cual se producen nuevas prácticas sociales, nuevas maneras de vivir, sentir, comprender y organizar el mundo de parte de los sujetos” (Zarzuri y Ganter, 2002, pág. 44). Así se lleva a cabo la resignificación de las experiencias, de las identidades individuales y de las colectivas. Las voces de los jóvenes comprenden una relevancia fundamental en términos de qué historia se cuenta, quiénes y cómo, pues por medio del arte y sus diferentes expresiones logran abarcarse las distintas formas de vivir dentro de un trayecto histórico en el contexto colombiano.

Logo del Observatorio de la Juventud en Iberoamérica (OJI)

Laura Sofía Marín Panche

Universidad Nacional de Colombia (Bogotá). Observatorio de Juventud-Proyecto Hip Hop

Bibliografía

  • Reguillo, R. (2000). “Las culturas juveniles: un campo de estudio; breve agenda para la discusión”. Revista brasilera de educación. México: Universidad de Guadalajara, Departamento de Estudios de la Comunicación Social. Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente.
  • Sánchez, F. A., Cubidez Martínez, J., y Galindo Ramírez, L. (2011). Sentidos y prácticas políticas en el mundo juvenil universitario. Bogotá, Colombia: Universidad Nacional de Colombia-Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales.
  • Zarzuri, R., y Ganter, R. (2002). Memoria, cultura y nuevas narrativas juveniles. Santiago, Chile: Centro de Estudios Sociales y Culturales (CESC).
  • Zemelman, H., y Valencia, G. (1990). Los sujetos sociales, una propuesta de análisis. Acta sociológica, págs. 89-104.

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