Juventud, religión y política: ¿qué hay de nuevo en el Brasil del siglo XXI?

Para las generaciones pasadas, «ser brasileño y ser católico» era una ecuación natural. La hegemonía católica en el campo religioso brasileño pesó en la formación del territorio nacional, en la composición de nuestra cultura y en el establecimiento del calendario oficial de los feriados nacionales.

Durante siglos, los herederos de la Reforma del siglo XVI (bautistas, presbiterianos, luteranos, metodistas, etc.) crecieron lentamente, sin establecer una competencia con la Iglesia Católica. Además, los seguidores de las religiones de origen africano, denominadas afrobrasileñas, no amenazaron al catolicismo porque, al experimentar una doble pertenencia religiosa, sus adeptos, en su mayoría, también se declaraban católicos.

Sin embargo, en las últimas décadas se produjeron muchos cambios en la pertenencia religiosa de los brasileños. Según datos oficiales (Censo del IBGE), los brasileños que se declaran católicos han disminuido progresivamente: eran el 89 % en 1980; el 83,3 % en 1991; el 73,6 % en 2000 y el 64,6 % en 2010. Hoy ya deben ser muchos menos.

Al mismo tiempo, a partir del inicio del siglo XX llegaron los «creyentes pentecostales» que, con sus ofertas de éxtasis religioso y su activismo proselitista, impulsaron el crecimiento de los evangélicos. Según el censo del IBGE, tenemos los siguientes números: 6,6 % (1980); 9 % (1991); 15,4 % (2000) y 22,2 % (2010). Hoy ya deben ser muchos más. Dicho crecimiento se produjo mediante cientos de denominaciones independientes, con tamaños y características muy diferentes, que atrajeron un número significativo de jóvenes.

Los datos del censo también muestran la presencia de jóvenes seguidores de religiones afrobrasileñas, espiritistas kardecistas y, también, de religiones orientales, judíos e islamistas. Sin embargo, en términos estadísticos, la novedad identificada progresivamente se debió a los jóvenes «sin religión» que, al diferenciarse de los ateos y agnósticos, declaran tener fe, pero no tener vínculos institucionales.

Los resultados de investigaciones cuantitativas entre los jóvenes (Novaes, 2005; Fonseca y Novaes, 2007; Novaes, 2016) reafirman las mismas tendencias. Ahora estamos esperando el Censo 2020 para obtener nuevas estadísticas sobre la juventud y la pertenencia religiosa en Brasil. Según una investigación reciente, aún en análisis, realizada por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica,[i] el 34 % de los jóvenes encuestados se declararon católicos y el 44 % evangélicos. Alrededor del 8 % de los encuestados afirmaron que no tienen religión, pero creen en Dios o en una fuerza/energía superior. Y el 10 % declaró tener otra religión (afrobrasileña, kardecista, orientales, entre otras).

Por lo tanto, se reafirma un escenario de cambios que nos lleva a verificar que una buena parte de los jóvenes brasileños fueron socializados en familias plurirreligiosas y están impulsando una nueva configuración del campo religioso (Bourdieu, 1986)[ii], que se presenta como menos estructurado y mucho más dinámico y sorprendente que en el pasado. Aunque el catolicismo mantiene su importancia numérica y su influencia cultural y política en la sociedad brasileña, existen otras dinámicas. Por un lado, hay más pertenencia y fijación territorial, lo que se traduce en la presencia de templos evangélicos dispersos por todo el país, que modifican los paisajes en los centros y las periferias. Por otro lado, se observan búsquedas y vínculos más fluidos, que se traducen en una mayor circulación y tránsito entre las religiones, en arreglos híbridos, en síntesis personales y en experimentos religiosos presenciales y virtuales.

Foto: Felipe Barros/ExLibris/PMI

¿De qué manera estos cambios en el campo religioso afectan la vida política de los jóvenes? El propósito de este artículo es explorar las intersecciones entre religión y política entre los jóvenes brasileños que se presentan como católicos y evangélicos. La idea es reflexionar sobre las confluencias entre identidades religiosas y activismos que, interfiriendo en el espacio público presencial y virtual, denuncian la discriminación social y exigen el reconocimiento de los derechos de ciudadanía.

1.La juventud católica: una Iglesia y sus diversas vertientes

En un texto sobre los jóvenes que participaron en la Jornada Mundial de la Juventud (Río de Janeiro, 2013), Carranza y Sofiati (2018) destacan un juego de negociación entre una alineación institucional de los jóvenes y «una salvaguardia creativa de su autonomía personal», y describen cuatro vertientes que se pueden resumir de la siguiente manera:

  • Tradicionalista: En contraposición a la modernidad, esta vertiente defiende el «rescate de las prácticas rituales y las costumbres medievales». Ejemplos: Tradición, Familia y Propiedad (TFP); los Heraldos del Evangelio, quienes «se consideran un instrumento de la santidad de la Iglesia, ya que su espiritualidad se basa en la «Eucaristía, en María y en el Papa».
  • Modernizadora-conservadora: Esta vertiente dialoga con ciertos elementos de la modernidad a través de una apariencia adaptada a los medios de comunicación, mediante la cual se dedica a la evangelización juvenil. Su perfil es visto como conservador. Congrega jóvenes en movimientos como Renovación Carismática, Grupos de oración; Comunidades de Vida y Alianza; Canção Nova y Toca de Assis.
  • Reformista: Esta vertiente defiende los derechos humanos y las prácticas sociocaritativas, enfatizando la dimensión humana y social de la religión. Reúne a grupos de jóvenes presentes en escuelas católicas y confesionales de élite, como los Colegios Maristas y Salesianos.
  • Radical: Esta vertiente reúne sectores vinculados a la Teología de la Liberación y los ideales de las Comunidades Eclesiales de Base, desde la perspectiva de la «opción preferencial por los pobres». Su trabajo social combina el carácter teológico-pastoral y el sociopolítico. Actúa en sintonía con los movimientos sociales, como sucede en las Pastorales de la Juventud..

 

Reconociendo que, dentro de las cuatro tendencias mencionadas anteriormente, hay otras tantas variaciones, Carranza y Sofiati (2018) afirman que las muchas disonancias no impidieron que la Jornada Mundial de Juventud 2013 fortaleciera la institución y reafirmase el poder jerárquico del Papa. Como siempre sucede en esta institución milenaria, más allá de las disputas internas, la unidad católica se reafirmó en las Jornadas.

Como se sabe, la tan mentada «unidad católica» siempre incluyó disputas y convivencia entre corrientes y carismas. Hoy, diferentes corrientes pastorales disputan la «bendición» y la influencia del Papa. En su pontificado, Francisco, como le gusta que lo llamen, se ha resistido a las críticas de los tradicionalistas conservadores, ha mediado entre grupos divergentes y ha logrado preservar la unidad institucional. Sin embargo, aunque busca equilibrarse en la tensión clásica entre la utopía y la institución, el Papa no ha dejado de posicionarse ni ha evitado favorecer a los jóvenes involucrados en las luchas sociales que buscan su apoyo.

Un ejemplo de esto fue la llamada telefónica que el Papa le hizo a Lyuara, una joven de 19 años hija de Marielle Franco, concejala del PSOL (Partido Solidariedade), negra, brutalmente asesinada el 14 de marzo de 2018, precisamente por luchar por el reconocimiento y los derechos de los grupos discriminados. En la carta, Lyuara dice que aprendió de su madre a «tener fe y ser católica ”. Y agregó: «Este momento es muy doloroso, una espada corta nuestras almas. Le pido que ore por nosotros, por nuestra familia, por las mujeres, por el pueblo negro, por la vida en las favelas de Río de Janeiro, por nuestra ciudad y por nuestro país. Hay muchos discursos de odio y necesitamos amor, gracias.»

Tribute To Marielle Franco por Daniel Arrhakis

Lyuara pide por el «pueblo negro», y este es un tema que viene movilizando fuertemente a una parte de la juventud católica. Esto se debe a que, especialmente desde el año 2000, han aumentado las denuncias en Brasil con respecto al alto número de agresiones y muertes de jóvenes negros y la persistencia de la violencia en la actuación de la policía. Se ampliaron las campañas y los movimientos destinados a enfrentar el fenómeno conocido como «genocidio de la juventud negra».

Las Pastorales de la Juventud de la Iglesia Católica coordinaron la Campaña Nacional Contra la Violencia y el Exterminio de Jóvenes. En este escenario, el tema ganó un lugar destacado y se convirtió en un punto de intersección que aproxima las pastorales de la juventud a los demás movimientos juveniles[iii] presentes en la sociedad brasileña. De hecho, la lucha contra el racismo se ha convertido en un tema aglutinante entre los jóvenes católicos y, además, propicia el aumento de los diálogos entre los jóvenes de diferentes religiones.

En general, podemos decir que los participantes en las Pastorales de la Juventud, inspirados en los documentos del Concilio Vaticano II (1965), todavía se movilizan en torno a los problemas clásicos de la tierra, la vivienda y las condiciones de trabajo, articulándolos al racismo que profundiza y alimenta las desigualdades sociales. Además, también incorporan demandas con respecto a cuestiones ecológicas y los derechos de las mujeres, los grupos homosexuales y transgénero y los pueblos indígenas.

Entre los jóvenes católicos comprometidos, las discusiones y posiciones sobre estos temas se han intensificado mediante el uso de las nuevas tecnologías de la información. Eludiendo las tensiones y los obstáculos institucionales, el uso de sitios web, blogs y canales de YouTube ha dificultado las formas clásicas de control de las autoridades religiosas sobre su rebaño. Un buen ejemplo es el canal Muro Pequeno, creado por el joven bahiano Murilo Araújo.

El youtuber Murilo, ahora residente de Río de Janeiro, se acercó a las causas sociales durante su larga experiencia en la Pastoral de la Juventud de la Iglesia Católica. Hoy estudiante de posgrado en Letras en la Universidad de Río de Janeiro (UFRJ), es miembro del grupo Diversidad Católica y forma parte de la Red Nacional de Grupos Católicos LGBT, creada en 2014. Su ciberactivismo también hace que reciba invitaciones de organizaciones nacionales e internacionales a reuniones presenciales, en las que se presenta como un católico que lucha por la valorización de la diversidad. En sus propias palabras:

 

Murilo Araújo

«Cuando creé el canal, uno de mis mayores intereses era exactamente dar visibilidad a mi existencia como persona gay y católica (…) Soy católico, me gusta ser católico, y mi experiencia religiosa es una dimensión de mi vida tan importante como mi sexualidad. Me considero cristiano antes de considerarme homosexual, y lo mismo pasa en la vida de muchas personas. Entonces, si me piden que deje de ser cristiano, es casi como si me pidieran que deje de ser gay. Eso no va a pasar».

 

 

En otro video, grabado en un canal alternativo (Bee 139[iv]), entrevistado por Jéssica (que se presenta como católica y lesbiana), Murilo dice: “(…) La Iglesia Católica tiene que aceptarnos por entero, con nuestra sexualidad. Soy gay. Y la izquierda también tiene que aceptarnos por entero, con nuestra religión”. En sus videos, además de citar bibliografía especializada utilizada en el medio académico y por movimientos sociales, Murilo siempre usa citas bíblicas para contrarrestar las declaraciones prejuiciosas de padres, sacerdotes y pastores.

Siempre con la perspectiva de permanecer dentro del ámbito de la Iglesia Católica, cuando Murilo recibió a una militante del grupo Católicas por el Derecho a Decidir[v] en su canal, ambos se posicionaron públicamente a favor de despenalizar el aborto, oponiéndose públicamente a las posiciones oficiales de la Iglesia Católica. Llegando de forma directa a diferentes audiencias juveniles, busca unir fuerzas para legitimar causas y promover cambios en la Iglesia y la sociedad.

Se podrían citar otros ejemplos. Pero lo importante aquí es indicar el desafío institucional que se plantea. Corresponderá a la Iglesia Católica comprender el presente y tener en cuenta los nuevos «signos de los tiempos» para (re)construir su unidad sin excluir a los jóvenes de esta «vertiente radical» que, al mismo tiempo, la cuestiona y la revitaliza.

2. Las juventudes evangélicas: entre denominaciones y múltiples experiencias.

En general, podemos decir que la adhesión a las Iglesias Evangélicas ofrece un espacio importante para la socialización y la sociabilidad juvenil. En las iglesias locales, además de la Escuela Dominical, siempre hay movimientos juveniles, grupos de oración, equipos de evangelización, grupos de baile y coros. Entre los aprendizajes en las iglesias se destacan el canto y los instrumentos musicales. Para los jóvenes de diferentes clases sociales, las Iglesias Evangélicas funcionan como un lugar para hacer amigos, para actividades recreativas, para el uso del tiempo libre y para el desarrollo de la capacidad de hablar en público. Pero, si todo esto también se aplica a los jóvenes de familias ricas o de clase media, para los jóvenes más pobres, las Iglesias Evangélicas adquieren un significado adicional: representan una posibilidad de obtener beneficios materiales[vi] y respetabilidad, además del hecho que se convierten en una especie de «red de seguridad social».

En estos territorios[vii] de favelas y periferias, las iglesias evangélicas «son a menudo la única red fuera del tráfico, las drogas y la violencia doméstica» (Lisboa, 2016). En entrevistas, jóvenes residentes de las favelas de Río de Janeiro, marcadas por la ausencia de servicios públicos, la violencia del narcotráfico y la corrupción de la policía, dicen que «formar parte de la Iglesia» puede ser una manera de escapar de ser siempre parado por la policía e incluso un medio para acceder al mundo del trabajo.

En su tesis doctoral sobre religión y amistad entre jóvenes de la Assembleia de Deus en la Baixada Fluminense (Río de Janeiro), Magalhães (2016) confirma el funcionamiento de la Iglesia como un lugar central para la sociabilidad, la convivencia y el ocio, y también discute una «resistencia silenciosa» en lo que referente a los usos y costumbres: los jóvenes separan la ropa de ir a la iglesia de la ropa de la vida cotidiana, lo que les da la oportunidad de sentirse más cerca de otros jóvenes en la escuela y en el trabajo.

Otra situación que podría clasificarse como «resistencia silenciosa» se relaciona a los ataques contra las religiones afrobrasileñas. Por vivir en una familia plurirreligiosa, Lisboa (2016) afirma que, incluso cuando estaba activamente vinculada a la Assembleia de Deus, estaba segura de que «Orixá no era un demonio disfrazado». La experiencia religiosa previa con el candomblé, el afecto y la vida familiar funcionaron como un filtro cognitivo para seleccionar y reinterpretar los mensajes transmitidos en la Iglesia. Estas observaciones nos hacen pensar que la predicación religiosa nunca se absorbe por completo como un bloque monolítico.

Por otro lado, los entrevistados dicen que en las elecciones es común votar «con el pastor». La mediación del pastor funciona mejor para los jóvenes que se sienten distantes de la política. Pero si el «voto por proximidad» (Lisboa, 2016) se convirtió en una regla, hay muchas excepciones. Las experiencias en la escuela, en el mundo del trabajo y en las redes sociales también los conectan con otras narrativas políticas que circulan en la sociedad. Ese es el caso de Pedro Rebelo, de 27 años. Entrevistado por Ribeiro (2019), Pedro cuenta que a los 17 años era un «fanático de la Assembleia de Deus, demonizaba el candomblé y no era un reaccionario en el sentido político: votaba a Lula». Su historia nos advierte que debemos evitar generalizaciones apresuradas y escuchar más para conocer mejor los arreglos personales que, a menudo, mezclan elementos que en nuestros esquemas teóricos aparecen separados como comportamientos conservadores y progresistas. Se podrían dar otros ejemplos en el sentido de diferenciar y no homogeneizar las posiciones de la llamada «juventud evangélica».

Sin embargo, en términos de sistematizar los resultados de la investigación, la continua segmentación de las denominaciones, la circulación de jóvenes entre denominaciones, la experiencia de los jóvenes entre Iglesias y pastores no nos permiten comparar las percepciones de los jóvenes evangélicos a partir de un único evento institucional, como lo hicieron Carranza y Sofiati (2018) para identificar diferentes vertientes dentro de la unidad de la Iglesia Católica. Aun así, incluso sin que se pueda hablar de «vertientes» dentro de una misma institución religiosa, a través de la observación directa, la investigación cualitativa y la bibliografía disponible, es posible observar un campo de posibilidades y destacar cuatro situaciones que nos ayudan a reflexionar sobre la relación de los jóvenes evangélicos con el mundo de la política.

  • Sectarios: Considerándose a sí mismos en una «guerra espiritual», un grupo de jóvenes evangélicos evoca los dones del Espíritu Santo y, «en defensa de la familia», se opone a las propuestas de despenalizar el aborto y denuncia la llamada «ideología de género». Su activismo incluye acciones como «pasar aceite ungido en las puertas de tiendas de productos religiosos» y atacar terreiros umbanda y de candomblé.

En los videos disponibles en internet, está claro que a menudo los argumentos y las referencias bíblicas utilizados por este sector de los jóvenes evangélicos los acercan a los jóvenes católicos vinculados a la Renovación Carismática Católica,[viii] los «conservadores modernizados», usando, una vez más, la clasificación de Carranza y Sofiati (2018).

  • Asistencialistas: Considerando su misión de fe, muchos jóvenes evangélicos participan en campañas y acciones sociales desarrolladas por sus Iglesias en las que aprenden a reconocer quién necesita ayuda y a poner en práctica el valor de la solidaridad. Lisboa (2016) afirma que, cuando era evangélica, “pasaba las mañanas rezando por las personas en situación de calle y entregándoles pan con mortadela. (…) Pasé muchas noches el último viernes del mes en las vigilias de la Assembleia de Deus en Madureira (…) «.

Este aprendizaje puede permanecer en los límites de la pertenencia religiosa, pero también puede desarrollarse en otros tipos de participación en organizaciones estudiantiles, movimientos de barrios marginales y periféricos e incluso en partidos políticos. En entrevistas, escuché de varios jóvenes que las acciones sociales en las Iglesias fueron decisivas para sus trayectorias políticas.

  • Autónomos: Son jóvenes que se declaran evangélicos, pero no se encuadran en ninguna denominación específica[ix]. Entre ellos, podemos destacar: a) jóvenes que abandonaron grupos evangélicos; b) jóvenes que se unieron a través de la «cultura evangélica» presente en la sociedad brasileña actual, en las manifestaciones artísticas, los territorios periféricos y las redes sociales.

Como ejemplo de quienes abandonaron alguna denominación, Silvia Fernandes (2018), en su estudio realizado en la «región periférica de Río de Janeiro», nos presenta jóvenes que abandonaron las denominaciones evangélicas después de cuestionar a los pastores sobre asuntos financieros («recaudación de dinero» e «intercambio de diezmos por gracias divinas») o por asuntos relacionados con prohibiciones de comportamiento (en la manera de vestirse) y opiniones conservadoras.

Como ejemplos de la aproximación a la «cultura evangélica», en una investigación realizada en Río de Janeiro, conocí a jóvenes que, sin tener vínculos institucionales, demostraron estar muy familiarizados con lo que está sucediendo en el «mundo evangélico», que aquí se ve en programas de televisión, en redes sociales, en canales de YouTube, en sitios web donde circulan memes religiosos, clips de gospel hip hop. Entre las nuevas formas de «ser evangélico» se incluye «bajar» canciones, servicios y alabanzas en cualquier momento del día o de la noche. Buscan y eligen el «fervor» y el disfrute de la palabra de diferentes pastores.

Los desarrollos de la aproximación a esta «cultura evangélica» son variados. Ejercen su autonomía religiosa y, en términos políticos, sus opiniones y compromisos son variados y se distribuyen en las diversas posiciones existentes en el campo político brasileño. Una parte suma a esta experiencia virtual la participación en eventos públicos importantes, como la Marcha por Jesús. Otros participan en movimientos culturales, como el hip hop gospel. Forman parte de ese movimiento rappers evangélicos famosos que critican «el sistema», denuncian el racismo y afirman su compromiso social.

  • Comprometidos: Son jóvenes provenientes de diferentes denominaciones y con historias de vida variadas que se articulan para posicionarse políticamente en el espacio público, disputando la «identidad evangélica» y, por lo tanto, oponiéndose a las pretensiones de los llamados «coroneles de la fe»[x] , que se presentan públicamente en Brasil como representantes del «pueblo evangélico».

Sobre el tema, Thamyra Thâmara de Araújo, evangélica, negra, residente del Complexo do Alemão, en Río de Janeiro, dio el siguiente testimonio: “Debemos entender que los evangélicos no tienen una sola cara. (…) La identidad evangélica está en disputa y hay un grupo comprometido y activo que levanta la bandera del respeto por la diversidad, el amor fraterno y la dignidad humana”.  Thamyra, recordando la frase de un amigo, dice: «La Iglesia es muy buena, excepto por el racismo, la homofobia y el machismo».[xi]

Por medio de blogs, sitios web y redes evangélicas y/o ecuménicas, este «grupo comprometido y activo» pone en evidencia desacuerdos entre las declaraciones públicas de pastores que han exacerbado la visibilidad en los medios[xii] y las percepciones de diferentes segmentos de la población evangélica (Vital da Cunha, C. y Lopes, PV, 2012). Todo este debate refleja el trabajo realizado por grupos de jóvenes vinculados a la Teología de la Misión Integral, a la Red FALE, a la Red Ecuménica de la Juventud, así como a las «Iglesias evangélicas inclusivas»[xiii] compuestas por población LGBT.

Al analizar el contenido de los mensajes antirracistas que circulan en ciertos videos, blogs y en los discursos de los youtubers evangélicos, percibimos la presencia de argumentos y citas bíblicas muy similares a las utilizadas por los jóvenes que componen la llamada vertiente radical del catolicismo (Carranza y Sofiati, 2018).

 

Para concluir: la lucha contra el racismo como punto de convergencia entre radicales y comprometidos.

Las religiones son porosas a los cambios sociales.  En la configuración social actual[xiv], esta porosidad, exacerbada por la imbricación entre las dimensiones presencial y virtual de la realidad, ha contribuido para que una parte de la juventud no se someta al control directo de una autoridad religiosa que, en teoría, podría determinar sus opciones culturales, sus ideas y hábitos.  Lo que no ocurre sin oscilaciones, tensiones y conflictos.

Si, por un lado, se observa un espacio mayor para posicionamientos democráticos y de experimentación religiosa, por el otro, en la situación actual también se produce (por reacción y/o convicción) un aumento de los fundamentalismos, sectarismos, la discriminación e, incluso, la violencia por motivos religiosos.

Es cierto que, en ambos casos, no todo es consensuado. Entre los jóvenes activistas, ya sean católicos o evangélicos, existen diferentes puntos de vista sobre el aborto y las identidades de género que todavía causan ruido en la comunicación. Aun así, es importante destacar algunos pasos importantes: la posibilidad de discutir el aborto se está ampliando y la disposición a condenar la persecución y la discriminación que sufren los jóvenes trans y de diferentes orientaciones sexuales está aumentando cada vez más.

Sin embargo, en mi opinión, el paso más importante está en el fuerte punto de convergencia que está adquiriendo la lucha contra el racismo estructural. Sin lugar a dudas, el llamado «genocidio de la juventud negra» y la persecución de las religiones afrobrasileñas, practicada principalmente por ciertos segmentos que se presentan como «evangélicos», llevaron el tema racial al centro del debate público y su urgencia ha sido un motivo de acercamiento entre movimientos sociales y grupos religiosos, incluidos los «jóvenes de terreiros«.

Hablando de los «jóvenes de terreiros«, cabe señalar un cambio importante: la gran mayoría de los seguidores de las religiones afrobrasileñas todavía se autodefinen como católicos, pero hoy en día, está aumentando el número de jóvenes que cuestionan la «doble pertenencia», que históricamente caracterizó las relaciones subordinadas de las religiones afrobrasileñas al catolicismo dominante. Asociando el «racismo estructural» y la ancestralidad común, denuncian la doble discriminación racial y religiosa.

Desafortunadamente, incluso sumados, estos grupos de jóvenes – católicos, evangélicos y de terreiros– no alcanzan una representatividad estadística. Son segmentos minoritarios. Sin embargo, esto no disminuye la importancia de sus iniciativas, que marcan una diferencia positiva en la conformación de posiciones y oposiciones y en las disputas en los campos religioso y político.

En el momento histórico actual, deconstruir las generalizaciones apresuradas y dar visibilidad a las iniciativas de estos jóvenes activistas, motivados religiosamente, sigue siendo una forma de contribuir a debilitar posiciones prejuiciosas que causan sufrimiento y aceleran los procesos de exclusión juvenil.  Sus pensamientos e iniciativas marcan una diferencia inmediata en la lucha contra el racismo, un tema fundamental para la construcción del espacio público democrático en Brasil.

 

Autora: Regina Célia Reyes Novaes

Antropóloga, con un doctorado de la Universidad de São Paulo. Fue investigadora y profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro, donde orientó tesis de maestría y doctorado sobre los siguientes temas: movimientos sociales, juventud, religión, cultura, ciudadanía y violencia. Fue editora de la Revista Religião e Sociedade y presidenta del Instituto de Estudos da Religião (ISER). Desde 2003 se dedica a actividades formulación y gestión de políticas públicas para la juventud, asesorando a organismos nacionales e internacionales. Actualmente es profesora visitante en la UNIRIO, en el área de juventud y educación.

Notas:

[i] Nota editorial: La investigación mencionada, que incluye la participación de la profesora Regina Novaes, se encuentra en la etapa de análisis y se espera que se publique en el segundo semestre de 2020.

[ii] Bourdieu (1986) define campo como un conjunto de prácticas y valores específicos, formados por diferentes actores, instituciones, discursos y fuerzas en tensión, donde todo adquiere sentido en términos relacionales, a través de posiciones y oposiciones. En este artículo utilizaremos las expresiones «campo religioso» y «campo político» según esa concepción.

[iii] Se pueden mencionar otras iniciativas: La campaña Reaja ou Será Morto , Reaja ou Será Morta (Reacciona o serás asesinado, Reacciona o serás asesinada), organizada por entidades del movimiento negro en Bahía (2005); la Campaña Nacional contra el Genocidio de la Juventud Negra, coordinada por el Foro Nacional de la Juventud Negra (2009); la Marcha Contra el Exterminio de la Juventud Negra (2010), promovida por el Foro de la Juventud Negra del Estado de Espírito Santo (Fejunes); la campaña Eu Pareço Suspeito? (¿Parezco sospechoso?) (2012), lanzada por organizaciones del movimiento negro en el estado de São Paulo; la Campaña Juventud Marcada para Vivir, realizada por el Observatorio de Favelas (2013).

[iv]  Ver en YouTube: Canal das Bee (fundado el 18 de octubre de 2016) con 72 190 visitas al 29/08/2017.

[v] Católicas por el Derecho a Decidir es un movimiento político internacional compuesto por mujeres católicas que reivindican, principalmente, derechos reproductivos, defienden la autonomía de las mujeres sobre sus propios cuerpos y rechazan la violencia de género. Ver: http://www.catolicasonline.org.br . Consulta en abril de 2020.

[vi] Es bueno recordar que muchas denominaciones tienen un discurso cautivador que se orienta a la prosperidad material.

[vii] Territorio es la relación entre espacio, política y poder. Es el espacio apropiado (Lopes de Souza, 2003).

[viii] Sobre jóvenes carismáticos, ver Sofiati (2011).

[ix] Según el censo de 2010, el 22 % de la población que es evangélica se distribuía de la siguiente manera: un 4 % se identificaban como evangélicos misioneros/históricos, un 13,3 % como evangélicos pentecostales y un 8 % como «evangélicos no determinados». Esto implica un aumento significativo (con 9,2 millones de encuestados) de aquellos que se clasifican tan solo como «evangélicos» sin explicar los vínculos institucionales.

[x] La atinada expresión «coroneles de la fe» fue utilizada principalmente por los pastores Ariovaldo Ramos y Henrique Vieira, ambos del campo progresista, para designar a los pastores que se erigen como portavoces de las agendas conservadoras.

[xi] Ver el testimonio de Thamyra Thâmara en Fernandes y Conrado (2017)

[xii] Como se sabe, los líderes evangélicos dominan emisoras de radio y televisión. Además de disfrutar de concesiones públicas, también realizan alquileres no autorizados, en los que hacen subconcesiones y negociaciones publicitarias.

[xiii]Sobre el tema, ver Natividade (2017)

[xiv] Norbert Elias (1994), en su caracterización de «configuración social», enfatiza los vínculos entre los cambios en la organización estructural de la sociedad y los cambios en la estructura del comportamiento y en la constitución psíquica de los individuos sin dicotomizar «individuo y sociedad» (1994).

 

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